miércoles, 2 de noviembre de 2022

Metodologías Parte I


Reggio Emilia


La filosofía educativa Reggio Emilia nació en Reggio Emilia, en una ciudad al norte de Italia. Después de la segunda guerra mundial, los adultos de este pueblo, en su mayoría mujeres y niños, lanzaron un movimiento ético, cultural y educativo que se centró en construir una escuela que funcionó durante tres años hasta que se incendió por un cortocircuito. Este hecho derivó en la creación de una nueva escuela con dos aulas para 60 niños, situación que permite entender que la educación inicial va más allá de la infraestructura: elementos como el cuidado, la alimentación y el compromiso con la educación se integran en la escuela y una apuesta pedagógica pensada para los niños y con los niños, con el sentido democrático y la participación de la familia y la comunidad.

Varios educadores y pedagogos italianos unieron fuerzas para construir propuestas educativas, políticas y sociales desarrolladas por la comunidad italiana. Entre ellos se encuentra Loris Malaguzzi, docente y pedagogo que ha dedicado su vida a construir una experiencia educativa de calidad que 

(La filosofía educativa de Reggio Emilia | MaguaRED, s. f.)  a partir de la pedagogía de la escucha, el respeto y la consideración de las potencialidades de los niños, pudiese reconocer el derecho de éstos a ser educados en contextos dignos, exigentes y acordes a sus capacidades.”


Hoy en día siguiendo la orientación de Malaguzzi, esta filosofía sigue siendo alternativa e innovadora. El método educativo reggiano

 (La filosofía educativa de Reggio Emilia | MaguaRED, s. f.)“representa una experiencia política, social, cultural, ética, estética y pedagógica”

 que contribuye a la construcción de una cultura infantil; la niñez tiene derecho a la dignidad desde la educación, como bien común, como comunidad y como niño como ser humano. Derechos y deberes ciudadanos.

Debemos tener en cuenta 4 consideraciones fundamentales que forman esta filosofía:

  • Se considera al párvulo como protagonista.
  • Los educadores/as deben ser competentes, guías,  investigadores y colaboradores.
  • El ambiente que rodea a los párvulos es considerado como tercer docente.
  • Los más grandes aliados son las familias.


La metodología reggiana tiene ciertos principios, entre ellos los más importantes los siguiente:

1.- Los niños como protagonistas : son seres únicos con su propia identidad constructores de conocimientos.

2.- Espacios, relaciones y ambientes: deben incitar al juego, exploración, investigación y asombro.

3.- El lenguaje de los niños: valorar los códigos que los niños y niñas utilizan para expresarse.

4.- Documentación educativa: hacer visible la construcción de conocimiento y del aprendizaje.

5.- Investigación educativa: permite complejizar y comprender el conocimiento.

6.- La escucha, participación y organización: posibilita el diálogo entre los párvulos y adultos, esencial para la construcción del aprendizaje, teniendo responsabilidades compartidas tanto pedagógicas como administrativas que permita la estabilidad de los niños y niñas.

7.- Evaluación: reflexión de los procesos de aprendizaje de los párvulos, la formación profesional y la investigación educativa.

8.- El aprendizaje es un proceso subjetivo y construido en grupo: los niños construyen significados, conceptos y realidades a partir de sus relaciones con su entorno, compañeros y adultos, lo que les permite dar sentido al mundo que les rodea.


Además, esta filosofía concibe a la escuela como un espacio que crea conexiones y relaciones constantes entre niños y adultos, promoviendo así la participación familiar y la organización comunitaria como base fundamental de su estructura: La educación primaria es una responsabilidad compartida. 

La filosofía de Reggio Emilia ha abierto los ojos de cientos de miles de educadores a la educación de los niños fuera de los campos tradicionales; utiliza el arte para desarrollar una experiencia estética, un pensamiento creativo que aprecia las relaciones culturales, y empodera la vida y las personas que la hacen realidad. el proceso histórico de legitimación de memorias pasadas, presentes y futuras. La filosofía de Reggio Emilia es una experiencia que abarca diferentes orígenes y culturas, y los niños son vistos como seres humanos que pueden transformar la sociedad y alcanzar su máximo potencial. 

De acuerdo con lo visto anteriormente se puede decir:

 (Ramos, 2016) la pedagogía Reggio Emilia es una manera de enseñar a niños de manera interactiva, siendo él mismo el eje principal de su propio conocimiento. En este proceso los infantes potencian la autonomía personal y social, se promueve la responsabilidad y facilita las actividades libres; asimismo, se sienten a gusto con lo que hacen, ya que se conectan con sus intereses y sus propias necesidades y las de los demás. Esto se logra a través de los rincones, en donde realizan actividades lúdicas, desarrollan pequeñas investigaciones y establecen relaciones con ellos mismos y con los adultos; estos rincones facilitan el aprendizaje.

    
Escrito por Adela Herrera




miércoles, 26 de octubre de 2022

Historia de la educación parvularia en chile

 La práctica de la Educación Parvularia en Chile comienza a fines del siglo XIX. Específicamente la Escuela Nueva llegan al país a través de libros y viajes realizados por personas delegadas por el gobierno. Esas personas exploraron nuevas tendencias para conocer las teorías iniciales de los kindergártenes con el fin de instalarlas también en Chile. Así se forjan los inicios del Estado docente (1842-1851).

Más adelante, Domingo Faustino Sarmiento fundaría la Escuela Normal de Preceptores (la primera de Latinoamérica en formar maestros) y realizaría diversos viajes de estudio para conocer y replicar las experiencias internacionales sobre Educación Parvularia. En 1864 y muy influenciados por una visión francesa, empieza a funcionar la primera Escuela de Párvulos en el Departamento de Santiago. Su dirección estuvo a cargo de una monja (hermana de la caridad) y maestras preceptoras chilenas, entre ellas, Carmen Torres y Emilia Lavín. A partir de ese momento, otras escuelas similares se crearon y en el año 1883, ya había cuatro escuelas enfocadas en atender a niños y niñas provenientes de sectores marginados. A finales del siglo XIX se instalaron también algunos kindergártenes en el ámbito privado, principalmente en colegios particulares pertenecientes a colonias extranjeras como el Santiago College (1891) y el Deutsche Schule (1898).




Por los aportes del intelectual Valentín Letelier, quien viajó a Alemania y rescató el funcionamiento de sus jardines infantiles, el país empezó a considerar el modelo educativo alemán como el más adecuado. Así, de la mano con la corriente germana, se empezó a desarrollar de una forma mucho más sistemática la Educación Parvularia y el 16 de agosto de 1906 se crea el primer kindergarten público, anexado a la Escuela Normal N° 1 de Santiago. Al año siguiente se realiza el primer curso de “Maestras de Jardín Infantil”, al que asistieron profesoras normalistas. El recinto fue dirigido por la austriaca Leopoldina Maluschka, quien dedicó su esfuerzo a preparar personal para introducir en Chile un kindergarten fröebeliano.


En el año 1910, se consideraba que los jardines infantiles ya estaban “nacionalizados”, pues contaban con un programa educacional propio. Además, los cursos para maestras se habían extendido desde Tacna hasta Punta Arenas. Mientras tanto, Maluschka seguía trabajando y se preocupó particularmente por aportar a los sectores vulnerables, creando el primer Kindergarten Popular en 1911.

Más adelante, en 1925, a raíz de un trabajo de investigación, Aída Larraguibel Moreno –una alumna de la carrera de Inglés de la Universidad de Concepción–, conoció el enfoque del sistema Montessori y decidió profundizar en éste viajando a Buenos Aires donde conoció a su creadora y visitó establecimientos educacionales que ya habían incorporado el innovador método. A su regreso, trató de buscar oportunidades para aplicarlo en Chile, pero no fue mucha la repercusión que este método tuvo en el ámbito estatal. Su acogida se centró en establecimientos particulares, donde prosperó y adquirió prestigio. Mucho conocieron el enfoque y lo adoptaron, pero solo Aída Larraguibel trabajó en su aplicación permanente.



En el año 1944, La Universidad de Chile tomó el liderazgo en la educación de los niños menores de 6 años, creando la Escuela de Educadoras de Párvulos, que marcó la pauta en este campo. Con bases filosóficas, psicosociológicas y pedagógicas, esta universidad ofrecía al país un nuevo concepto de Educación Parvularia. Amanda abarca fue la fundadora y directora de la escuela. La formación de las futuras educadoras de la Universidad de Chile, liderada por Labarca, se centró en dos focos: 

  • el conocimiento de sí mismas y el conocimiento del camino hacia una idea. 
  • Dichos principios eran también aplicados a las necesidades del párvulo a través de cursos de metodología, literatura infantil, nutrición y diferentes seminarios.

Para 1970, la educación de párvulos en Chile ya tenía su identidad propia. “Se inicia así el periodo fundamental en la universalización de los jardines infantiles. La promulgación de la ley que de manera oficial creaba la JUNJI, en abril de ese año, era el signo de que la infancia pasaba a constituirse en prioridad para Chile” (Los niños del 70, Ediciones de la Junji, Pg.143).

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