miércoles, 26 de octubre de 2022

Historia de la educación parvularia en chile

 La práctica de la Educación Parvularia en Chile comienza a fines del siglo XIX. Específicamente la Escuela Nueva llegan al país a través de libros y viajes realizados por personas delegadas por el gobierno. Esas personas exploraron nuevas tendencias para conocer las teorías iniciales de los kindergártenes con el fin de instalarlas también en Chile. Así se forjan los inicios del Estado docente (1842-1851).

Más adelante, Domingo Faustino Sarmiento fundaría la Escuela Normal de Preceptores (la primera de Latinoamérica en formar maestros) y realizaría diversos viajes de estudio para conocer y replicar las experiencias internacionales sobre Educación Parvularia. En 1864 y muy influenciados por una visión francesa, empieza a funcionar la primera Escuela de Párvulos en el Departamento de Santiago. Su dirección estuvo a cargo de una monja (hermana de la caridad) y maestras preceptoras chilenas, entre ellas, Carmen Torres y Emilia Lavín. A partir de ese momento, otras escuelas similares se crearon y en el año 1883, ya había cuatro escuelas enfocadas en atender a niños y niñas provenientes de sectores marginados. A finales del siglo XIX se instalaron también algunos kindergártenes en el ámbito privado, principalmente en colegios particulares pertenecientes a colonias extranjeras como el Santiago College (1891) y el Deutsche Schule (1898).




Por los aportes del intelectual Valentín Letelier, quien viajó a Alemania y rescató el funcionamiento de sus jardines infantiles, el país empezó a considerar el modelo educativo alemán como el más adecuado. Así, de la mano con la corriente germana, se empezó a desarrollar de una forma mucho más sistemática la Educación Parvularia y el 16 de agosto de 1906 se crea el primer kindergarten público, anexado a la Escuela Normal N° 1 de Santiago. Al año siguiente se realiza el primer curso de “Maestras de Jardín Infantil”, al que asistieron profesoras normalistas. El recinto fue dirigido por la austriaca Leopoldina Maluschka, quien dedicó su esfuerzo a preparar personal para introducir en Chile un kindergarten fröebeliano.


En el año 1910, se consideraba que los jardines infantiles ya estaban “nacionalizados”, pues contaban con un programa educacional propio. Además, los cursos para maestras se habían extendido desde Tacna hasta Punta Arenas. Mientras tanto, Maluschka seguía trabajando y se preocupó particularmente por aportar a los sectores vulnerables, creando el primer Kindergarten Popular en 1911.

Más adelante, en 1925, a raíz de un trabajo de investigación, Aída Larraguibel Moreno –una alumna de la carrera de Inglés de la Universidad de Concepción–, conoció el enfoque del sistema Montessori y decidió profundizar en éste viajando a Buenos Aires donde conoció a su creadora y visitó establecimientos educacionales que ya habían incorporado el innovador método. A su regreso, trató de buscar oportunidades para aplicarlo en Chile, pero no fue mucha la repercusión que este método tuvo en el ámbito estatal. Su acogida se centró en establecimientos particulares, donde prosperó y adquirió prestigio. Mucho conocieron el enfoque y lo adoptaron, pero solo Aída Larraguibel trabajó en su aplicación permanente.



En el año 1944, La Universidad de Chile tomó el liderazgo en la educación de los niños menores de 6 años, creando la Escuela de Educadoras de Párvulos, que marcó la pauta en este campo. Con bases filosóficas, psicosociológicas y pedagógicas, esta universidad ofrecía al país un nuevo concepto de Educación Parvularia. Amanda abarca fue la fundadora y directora de la escuela. La formación de las futuras educadoras de la Universidad de Chile, liderada por Labarca, se centró en dos focos: 

  • el conocimiento de sí mismas y el conocimiento del camino hacia una idea. 
  • Dichos principios eran también aplicados a las necesidades del párvulo a través de cursos de metodología, literatura infantil, nutrición y diferentes seminarios.

Para 1970, la educación de párvulos en Chile ya tenía su identidad propia. “Se inicia así el periodo fundamental en la universalización de los jardines infantiles. La promulgación de la ley que de manera oficial creaba la JUNJI, en abril de ese año, era el signo de que la infancia pasaba a constituirse en prioridad para Chile” (Los niños del 70, Ediciones de la Junji, Pg.143).

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